miércoles, 18 de abril de 2018

Cicatriz, Sara Mesa

Cicatriz resulta una novela honesta con una estructura sencilla y una forma sin alardes al servicio de una historia que desde cierto prisma puede resultar grotesca, pero que la autora encarrila con cierta destreza para que el lector quede envuelto en los entresijos del relato.  Una obra breve y con ritmo —hasta el último tercio, donde baja un poco— en la que no hay grandes digresiones, descripciones engorrosas o personajes por doquier. La historia puede resultar más o menos atractiva, pero la lectura es fluida y no hay extravío en lo pretencioso o estéril. Por todos estos motivos, llama la atención ese disfraz en forma de críticas muy favorables que anticipan una novela extraordinaria cuando lo más reseñable de Cicatriz es su sencillez, sobre todo en la estructura.

¿Cuál es la historia de Cicatriz? Sonia y Knut Hansum comienzan a escribirse tras conocerse en un foro literario en Internet. Poco a poco entablan una relación alejada de lo habitual. No es una relación sentimental, no se ven, solo se escriben o hablan por teléfono muy de vez en cuando. Knut además le envía libros como regalo para que los lea y comenten. Pero transcurre el tiempo y los correos aumentan, también los regalos, cada vez más frecuentes y abrumadores. Poco a poco los dos crean un universo propio, enfermizo, tenso, plagado de frustraciones.

La narración está centrada en Sonia y se observa el avance de su existencia—trabajo, matrimonio, hijo— mientras sostiene está peculiar relación con el inclasificable Knut, cuyos detalles sobre su vida son hábilmente escondidos por la narradora. Un tipo obsesivo cuyo aliento de transgresión permite reflexiones agudas sobre la estructura social circundante. Hay un juego de equilibrios entre la creciente obsesión de Knut y los vaivenes que sufre Sonia, de tal modo que el acercamiento entre ambos está muy determinado por el estado emocional de ella. La vida de Sonia se erosiona paulatinamente y la presencia de ese inusual amigo que la colma de regalos y la anima para escribir, mitiga ciertas frustraciones. Es tal la relevancia de los regalos que adquieren una figura propia transformándose en otro personaje. Pero Sonia y Knut saben —y el lector también—que su dependencia tiene un componente malsano. Solo es cuestión de avanzar en la historia para comprobarlo.
He desarrollado gran parte del planteamiento de la trama de una historia poco convencional contada con herramientas literarias que asumen escaso riesgo. Una contradicción necesaria para que pueda ser accesible a un amplio espectro de público.








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