martes, 5 de diciembre de 2017

A salto de mata, Paul Auster




Si hasta ahora no ha habido ninguna reseña de Paul Auster en este blog se debe a que leí prácticamente todas sus novelas antes de empezar a comentar libros en la red. También a que sus últimas novelas me decepcionaron porque parecían surgidas de la sola necesidad de publicar y parecían prescindibles.  El caso es que El país de las últimas cosas o El libro de las ilusiones, o por su puesto, su Trilogía de Nueva York, son obras muy recomendables que hace tiempo entusiasmaron a un lector más joven que el que ahora escribe estas líneas. Está claro que mi relación con Auster se enfrió, pero la relectura de A salto de mata ha reavivado la atracción por este autor cuyo magnetismo resulta innegable. De paso me ha permitido restar importancia a lo que yo consideré despropósitos literarios como aquel Viajes por el Scriptorium.

La estructura de A salto de mata es sencilla: relato autobiográfico con una prosa clara y sencilla en que Auster narra de modo lineal las vicisitudes de sus años de juventud —universidad, empleos precarios, primer matrimonio, nacimiento de su hijo—. Un relato que pone de manifiesto la frustración que supuso su denodado empeño en centrarse en la escritura mientras la propia existencia le recordaba una y otra vez que debía ganarse el sustento de alguna manera. Quebraderos de cabeza económicos que alcanzaron cotas elevadas cuando fue padre. Auster muestra de inicio a un joven orgulloso y constante, pero cada vez más vapuleado, mediante un texto vívido y edificante, trufado de anécdotas, desde sus estancias en París, su experiencia como tripulante en un petrolero la desesperada ilusión de vender un juego de cartas a la industria juguetera para salir de sus apuros económicos. Intentaba sobrevivir y no abandonar esa actividad literaria que muchas veces se basaba en traducciones y encargos, pero su esfuerzo nunca era suficiente. Finalmente, consiguió la publicación de su primera novela de una manera casual, tardía y por pocos dólares. Un logro, si puede llamarse así, que según se aprecia en el texto se produjo tras un camino tortuoso y que supuso una recompensa mínima. De todos modos, lo que importa no es el logro sino el camino recorrido, sus vivencias y sensaciones ante lo que acontecía. 

La obra debería ser leída por cualquier persona con curiosidad por descubrir los pasos de escritores. La vida de Auster tiene algo de apasionante, pero ayuda mucho la conexión que establece la narración con el lector. Cualquiera que tenga incertidumbre por su destino puede hallar cierta inspiración en esta crónica de un fracaso precoz, como el mismo Auster quiso dejar patente en ese segundo título de la obra. Callejones sin salida que no siempre permiten una vuelta atrás. Tras leer por segunda vez A salto de mata, con una década más a la espalda, creo que muchas veces se habla de perseverancia cuando realmente nos referimos a la capacidad de resistir tras ser golpeado, equivocarse y seguir equivocándose. A veces el destino, después de una y mil palizas, te deja un tiempo para el camino despejado. Todos, hasta tipos como Paul Auster, han recibido tundas emocionales, han errado y persistido. Todos al borde de la derrota. Como debe ser.   

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