viernes, 4 de noviembre de 2016

La habitación oscura, Isaac Rosa





Un oportuno apagón sorprende a un grupo de jóvenes disfrutando de la noche de sábado en un local propio. Las pasiones se desatan y semanas después deciden reservar un espacio de ese local para crear un cuarto insonorizado y completamente a oscuras en el que entrar cuando se desee. Desde ese punto la historia avanza hasta un presente que bien semeja a nuestro tiempo actual.  De los primeros momentos de descarga sexual se pasa a la búsqueda de un lugar para el desahogo e incluso el aislamiento. Los jóvenes se van transformando en adultos y las vidas se erosionan pero la habitación oscura sigue ahí. Unos continúan fieles, otros desaparecen y nuevos acontecimientos surgen para alimentar una trama con internet y sus implicaciones de fondo.

La novela parte de un planteamiento interesante. Una habitación oscura, un lugar a modo de polo de atracción envuelto en suspense en el que entran y salen personas con historias particulares que se van desgranando. Un buen punto de partida para desarrollar una trama sostenida y también, como es la intención del autor, para introducir reflexiones sobre el mundo contemporáneo con especial hincapié en la cuestión social. Sin embargo, la sensación tras concluir la lectura es la de una novela repetitiva y fría que se construye mediante la acumulación de microhistorias con temas en ocasiones manidos. La capacidad de reflexión se ve reducida, la sorpresa se limita débilmente a la trama y el texto, pretendidamente demoledor, carece del impulso necesario para tal fin.

El primer problema reside en que la novela tarda en arrancar. La necesidad de explicar esa habitación tan peculiar en un relato realista y su recalcada importancia en la vida de los personajes propicia que la primera parte sea estática y redundante. No ayudan las interminables listas con las que nos castiga el autor y que son al comienzo, tan abundantes como superfluas. El narrador tiene dinamismo porque se puede centrar en el colectivo a modo de primera persona del plural o en cualquier personaje, organiza los relatos y dirige la historia, pero resulta monocorde y demasiado explicativo. Los personajes se diluyen en su voz y la sensación final es que todos ellos son uno, independientemente de su nombre o sexo. Probablemente sea algo intencionado pero el automatismo les resta viveza. Las numerosas historias de carácter social son fundamentales en este libro, más que la propia trama. Sin embargo, parece como si Isaac Rosa hubiera tomado artículos periodísticos de estos años de crisis y sus propias columnas de opinión para insertarlos al abrigo de la actualidad.

La crítica ha encumbrado a esta novela con lo que mi sensación no se corresponde con la de otros muchos. No niego que haya algunas buenas ideas y que la frialdad del relato sea algo probablemente buscado, pero en mi opinión ni la crítica social aporta nada nuevo a lo que ya se lee o leyó en la prensa ni la trama es suficiente. Demasiados lugares comunes.

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