miércoles, 19 de octubre de 2016

Guerra y paz, Lev Tolstói





En el último siglo, la literatura ha evolucionado a través de diferentes movimientos y se ha adaptado a la forma que imponía cada momento histórico o moda reciente. La actualidad propicia que muchos libros no soporten bien el paso del tiempo y cuando ese periodo es de más de un siglo, solo perduran aquellos, que por motivos sólidos, han atravesado ese intrincado túnel hasta el presente. Guerra y paz no solo ha saltado esa barrera infranqueable para casi todos sino que ha acabado convirtiéndose en uno de los clásicos de la literatura universal. No puedo diseccionar el argumento o comentar la estructura porque perdería el tiempo y  ya se ha escrito suficiente al respecto. ¿Qué voy a descubrir? Probablemente nada y después de un pesado texto concluiría lo obvio: un apasionado lector de novela deberá guardar un hueco en sus lecturas para esta obra de Tolstoi. Por este motivo, prefiero aportar unos consejos que permitan escoger ese momento adecuado y despejar alguna duda si es que existe.

 Guerra y paz es un volumen de casi mil doscientas páginas que versa sobre la Rusia imperial de comienzos del siglo XIX, con las guerras napoleónicas de fondo, y está escrita por un ruso. Para alguien que no la conozca quizá esto que acabo de decir resulte poco atractivo, pero ni el grosor, ni el contexto histórico ni la forma en que está escrito, pueden desanimar al lector. Tampoco la estructura, con saltos temporales y multitud de personajes, pero lineal en el tiempo. 

La realidad más palpable del libro, la más física, es el grosor. Cualquier edición de bolsillo es una mera ridiculez ante lo pergeñado por Tolstoi. Un primer consejo es buscar aquellos momentos en que uno pueda permitirse la lectura de tiradas largas de páginas porque de lo contrario es imposible empaparse de la historia. La lectura fluye rápido porque la forma empleada por Tolstoi en la novela no es cargada ni ampulosa. En cuanto a la temática he de decir que para mí es uno de los atractivos de la novela, pero cualquier lector que sienta que no va a integrarse en este contexto histórico ha de rescatar la palabra clásico que va adjunta a la novela. No importa que estemos en un palacio de San Petersburgo o en los preparativos de la batalla de Austerlitz. Las inquietudes y reflexiones de los personajes, las escenas o los sentimientos plasmados, resultan actuales y frescos.

Otra cosa que quiero apuntar es que uno no debe asustarse con el número de personajes. Los hay incluso reales, como el inefable Napoleón. Aunque la historia se centra en algunos de ellos, ciertamente hay una cantidad abrumadora. El mismo comienzo de la obra nos sitúa en un salón donde se reúnen personajes de toda índole y desde esas primeras páginas a veces se puede estar un poco perdido entre tanto ruso.  Desde luego no ayudan los distintos nombres, sobrenombres y apodos en este idioma, pero hay que tener paciencia. Al final, en la magnitud de la obra también tiene que ver precisamente esa inabarcable cantidad de personajes. 

Poco más puedo decir. De hecho, poco he dicho. Un clásico que ofrece representaciones de la vida misma con escenas memorables, acciones vibrantes, un amor tan inútil como entrañable y la desolación de la guerra. Solo hay que recordar que la batalla de Borodinó se encuentra entre las que más muertes ha causado en un solo día en toda la historia. Temas de los que se ha hablado durante siglos, antes y después de Guerra y paz. Para resumir puede decirse que más que un libro es una experiencia.

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