lunes, 11 de enero de 2016

El sindicato de policía yiddish, Michael Chabon




Una ucronía se define según la RAE como “una reconstrucción lógica aplicada a la historia dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder”. Esto viene a decir que presenta un desarrollo de los acontecimientos a partir de un momento histórico concreto distinto al realmente vivido, o lo que es lo mismo, mundos ficticios que podían haber sucedido. Si explico esto es porque El sindicato de policía yiddish presenta una ucronía  muy relevante para la historia que cuenta. Chabon desarrolla la novela en una porción de tierra de Alaska donde se levanta la ciudad de Sitka, un lugar en el que tras la Segunda Guerra Mundial el gobierno estadounidense ha dado cobijo temporalmente a los judíos exiliados de la guerra. El estado de Israel no se llegó a formar tras el conflicto con los árabes y este alejado y agreste lugar representa el asentamiento de un par de millones de judíos sin ubicación. En el presente de la historia se aproxima la fecha de la revocación por la cual este terreno volverá  a pasar a manos del gobierno de Estados Unidos abriendo un incierto futuro a sus pobladores, que deberán marcharse.

         En este contexto un hombre aparece muerto con un tiro en la nuca en la habitación de un hotel de Sitka. El detective Landsman se encargará del caso en un momento en el que su vida parece rondar las inmediaciones de un sumidero. Aparte de sus problemas con el alcohol y la imposibilidad de lidiar con algún fantasma del pasado que acabó con su matrimonio, precisamente su ex mujer acaba de hacerse cargo del departamento de homicidios en el que trabaja. En solo dos meses, con la llegada de la revocación, perderá su empleo y Sitka dejará de ser un refugio para judíos.  Junto a compañero Berko Shemets comenzará a duras penas una investigación que le conducirá a un intrincado laberinto. Si a un detective con problemas, muchos de ellos relacionados con el alcohol, le sumas una asesinato, el resultado es un planteamiento de novela negra. 
 
El sindicato de policía yiddish me ha supuesto un sentimiento contradictorio. Por una parte resulta un artefacto original, una ucronía que funciona, una novela de judíos que resulta coherente teniendo en cuenta el espíritu y la historia del judaísmo con el exilio perpetuo que les conduce a un rincón inhóspito del mundo y la cerrazón y religiosidad mal entendida. La ciudad de Sitka está perfectamente recreada y el personaje de Landsman carbura. Cuando golpean al detective el lector siente el impacto en sus costillas. Dicho esto, también hay que apuntar algunas cosas. La muy celebrada  manera de escribir de Chabon —por parte de la crítica— resulta en ocasiones algo pesada. Su empeño por describir cada escena con metáforas y comparaciones ingeniosas a veces resulta genial, pero en otras desconcierta y hasta empalaga. Esta claro que este hecho depende de la atención y gusto del lector. Además hay algo que chirría con los personajes secundarios. Landsman corresponde al arquetipo de detective borracho, problemático y errático en su vida profesional y personal. Hay que reconocer que como personaje principal abarca espacio en el texto y está bien definido. Sin embargo, el resto de personajes resultan algo monótonos y cortados bajo el mismo patrón que el protagonista. Parece que el autor no se desprende de Landsman y cuando pone voz a otro personaje se olvida de dejar al omnipresente detective en el armario. En cuanto a la trama hay un grado de enrevesamiento importante y un curso de los acontecimientos singular. Un asesinato cualquiera se convierte en una conspiración con tintes bíblicos que a más de alguno hará levantar una ceja. Todo lo que rodea al personaje de Mendel Shpilman no deja de estar próximo a un aura mágica que aunque casa bien con el judaísmo de la historia no deja de ser sorprendente. Precisamente hay que señalar que en la obra hay mucho vocabulario yiddish —un glosario al final aclara los significados— y muchas referencias a ritos judíos. También el ajedrez tiene un lugar importante. 
 
Chabon configura una  novela negra en una ucronía en la que el judaísmo impregna cada hoja con un devenir de los acontecimientos curioso que se dispara sobre todo en la segunda mitad de la historia. Una obra recomendable si llama la atención el argumento y el marco de la novela.

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