lunes, 9 de noviembre de 2015

Sopa de miso, Ryu Murakami





Ryu Murakami plantea esta novela en pleno apogeo nocturno del distrito tokiota de Kabukicho, conocido por ser el barrio erótico de la capital nipona. Un solitario escenario acaparado por el sexo al que el autor añade una cruda violencia con la intención de lograr una historia sórdida e inquietante. El protagonista es Kenji, un veinteañero que ha dejado los estudios para ganarse la vida como guía turística de aquellos que quieren satisfacer diversos apetitos en Kabukicho. Una noche, poco antes de fin de año, se dirige al encuentro con otro cliente. Este resulta ser Frank, un americano que desde el primer momento levanta sus sospechas por un extraño modo de actuar. Ese mismo día una joven que ejercía de modo ocasional la prostitución ha sido salvajemente asesinada cerca de Kabukicho. Parece inevitable que esa maldad desatada en forma de terrible asesinato y los paseos nocturnos de Kenji con su compañero americano se crucen de algún modo.


La novela es breve, se lee con fluidez, pero Murakami no logra una tensión real en el lector. El desasosiego parte de la insistencia del protagonista en que Frank esconde algo oscuro. Frank es un tipo poco corriente con un comportamiento algo ciclotímico, pero relacionar gestos o embustes con la posibilidad de que sea un tipo abominable se antoja rebuscado. De ese modo se genera una inquietud ficticia que puede resultar más o menos creíble en función del lector, pero que parece una manera un tanto burda de conseguir suspense. Durante los tres primeros tercios se mantiene esa tensión inflada a la espera de un acontecimiento, algo que explique si las sospechas de Kenji son fundadas. Cuando por fin sucede algo, la historia decae en un último tercio en el que la falta de sentido y de verosimilitud son patentes. Una vez concluye la novela parece que se ha contemplado una escena de motivaciones inconcretas. Además, la escritura resulta muy endeble, muy por debajo de lo que se muestra en situaciones determinantes, y a los personajes les falta desarrollo. La novela mantiene cierta agitación e intenta golpear a base de truculencia, pero desde luego no pasa de ser un artefacto poco elaborado. Los apuntes sobre la sociedad japonesa, la ciudad de Tokyo y los personajes de Kabukicho son quizá lo más atrayente. 

La obra de Ryu Murakami puede resultar pasable para un viaje en tren o quizá para aproximarse un poco a Tokyo, aunque sea a través de una vertiente sórdida. Eso sí, si el lector se plantea preguntas y dudas probablemente no acabará enteramente satisfecho con lo que se cuenta.




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