domingo, 22 de noviembre de 2015

Ébano, Ryszard Kapuściński





En Ébano el periodista polaco Ryszard Kapuściński (1932-2007) aprovecha toda la experiencia de su época como corresponsal en África, principalmente en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, para componer una obra que consta de veintinueve relatos de índole variada pero con el gran denominador común del continente africano. El momento histórico de sus vivencias corresponde a la descolonización de muchos países y al subsiguiente inicio de conflictos armados, algunos muy violentos, cuyos ecos y consecuencias colean hoy en día. Sin embargo, la obra va más allá de estos acontecimientos y conforma una imagen completa de África, no solo con su historia trágica e injusta, sino con sus gentes, costumbres y paisajes. Para ello emplea una variada colección de anécdotas, cada una con un tinte concreto —cultural, político, histórico o simplemente personal—, en las que el lector camina junto al periodista en su periplo por multitud de lugares, cada cual más agreste, peligroso o asfixiante.


Al fin y al cabo, un continente con diez mil grupos en forma de clanes que quedó simplificado a apenas cincuenta países tiene mucho que decir. Muchas de las personas que aparecen en el libro son habitantes de ciudades levantadas de la nada y con nada en busca de algo mejor, nómadas que recorren el desierto o pobladores de remotas aldeas en una jungla inaccesible. Pero además de sus gentes hay mucho más, desde el calor que cae a plomo y emana de los tejados de chapa de precarias construcciones a la malaria con sus fiebres y temblores. Todo ello es África —no todo va a ser la canción de Shakira—.  En ocasiones los relatos conducen a situaciones límite que parecen cercanas a la muerte como una inoportuna avería en medio del desierto o una escapada sin rumbo por el Índico en plena tormenta y con el riesgo de recibir algún balazo. Pero hablar de riesgo es hacerlo de todas aquellas guerras de aparente baja intensidad que dejaron miles de muertos y algunos nombres que no se borran del imaginario popular por la penosa huella que dejaron. Kapuściński nos presenta los elementos del conjunto mediante una escritura clara y desnuda, descripciones precisas que permiten visualizar cada hecho o sensación y un modo de narrar con opinión pero sin sesgo, lo que contribuye a una gran cercanía con el lector que sin duda atiende hoja tras hoja a cada relato. 


La explicación de historias violentas como la Uganda de Idi Amín, la Ruanda de hutus y tutsis o la Liberia de los señores de la guerra es simplemente reveladora y su impacto inevitable. Sin embargo, cuando se concluye la novela aparte de estas historias de infausto recuerdo permanece la idea del “africano”, un concepto tremendamente abigarrado y muy distante del hombre blanco europeo. Precisamente alguien podría quejarse de que este libro ofrece una visión de África a través de los ojos de un blanco, pero el testimonio de Kapuściński abarca tal cantidad de lugares, momentos y personas que se hace único. Pudo morir de malaria, quizá después de un asalto o por un accidente en cualquier intransitable carretera, pero sobrevivió y por fortuna nos legó esta obra tan valiosa.

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