viernes, 10 de abril de 2020

La última copa, Daniel Schreiber




La última copa es un ensayo sobre el alcohol, pero centrado en la sobriedad. No es una obra sobre el camino hasta la última copa sino sobre la difícil tarea de mantener la abstinencia. Interesante para aquel que acabe de abandonar la bebida o que piense que está rebasando cierto límite. Quizá no tanto para bebedores convencidos o para aquellos con dudas. Tampoco para los que ansíen encontrar una sucesión de anécdotas alcohólicas bukowskianas con rumbo a la destrucción, posterior epifanía y salvación. Un ensayo muy crítico con el universo del alcohol y su complacencia circundante. Un  alegato que fácilmente puede ser tildado de puritano, según reconoce el autor en varios tramos del texto, pero que en todo caso encaja con su experiencia vital. 

lunes, 2 de marzo de 2020

Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon



El escenario siempre eterno y perdurable de la Segunda Guerra Mundial como trasfondo de una historia de Houdini y héroes de cómic. La fascinación literaria por la barbarie nazi aunque la estadística de telediario diga que los jóvenes de Europa empiezan a olvidar el Holocausto. Una historia de exilio y separación, de Praga a Nueva York, de la persecución europea en Checoslovaquia a un Manhattan en 1940, reverberante y cosmopolita. Kavalier, el único hijo al que la familia puede mandar al encuentro de los parientes que habitan fuera de la órbita nazi. Pero quedará un estigma: el dolor de los que quedan atrás, su hermano menor, sus padres. 

domingo, 15 de diciembre de 2019

La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa




      Siempre he creído que la primera novela de un autor tiene una pátina especial. El tortuoso camino plagado de rechazos y dudas convierte muchas veces la publicación en un milagro y deja la eterna pregunta sobre todas aquellas obras olvidadas en un cajón que pudieron tener un destino distinto, quizá brillante. Un universo de obras desaparecidas, de talentos literarios no consumados, de azar delirante. De este periplo no escapó La ciudad y los perros, novela premiada y de éxito casi inmediato, que se considera un hito dentro del fenómeno literario conocido como boom latinoamericano, pero que fue rechazada y vio la luz gracias a la insistencia creadora del autor y a la figura de Carlos Barral, que propició su publicación en la España de la censura en 1963. Con un azar cruel o con un ánimo tendente al abandono la obra se habría olvidado y Vargas Llosa puede que fuera un ser anónimo con una vida dedicada a una profesión anodina al cuidado de su familia. Habría sido una lástima porque se trata de una obra meritoria para la edad con la que contaba el autor, con algo más de veinte años, y que décadas más tarde goza de vigencia, algo nada sencillo.

lunes, 8 de julio de 2019

Conejo en paz, John Updike





Hace tiempo pensé en hacer una alineación de un equipo de fútbol de personajes literarios, una ocurrencia en tiempos de sobrecalentamiento mental. Un equipo abigarrado en el que podía caber el Sueco Levov, Frank Bascombe, el inefable Bardamu de Céline, Jakob Von Gunten o Ferdyrdurke. Un once limitado por cuestión de número, pero en el que no dudaba de la presencia del icónico, aunque probablemente olvidado en la actualidad, Harry “Conejo” Armstrong, el personaje de Updike. Cada equipo de fútbol literario depende de las razones de cada lector, pero en el mío reservaría un lugar para el personaje que salió a comprar tabaco y no regresó a casa son su mujer e hijos. Conejo en paz, es el cuarto libro de esta saga y contiene numerosos hilos que conducen a las anteriores obras, con lo que es muy conveniente empezar por Corre, Conejo.

martes, 5 de febrero de 2019

Peleando a la contra, Charles Bukowski




Los relatos del eterno perdedor habitante de pensiones que aparta los mosquitos del vino de un manotazo y discute a voz en cuello con su compañera borracha. Un mundo parco en el que la escritura no es un medio de vida, sino una vida en sí misma para la que no se necesita aire, luz, tiempo y espacio. Historias de peleas, apuestas en el hipódromo, resacas, follar y escribir. Escribir como si un gato te recorriera la espalda, las uñas clavadas en la piel mientras los dedos pulsan enloquecidos. Realismo sucio, pero más allá de etiquetas, textos cargados de acidez, decadencia, humor y una libertad de hacer lo que uno quiere, sin mucho tiempo para la disculpa, poco para la queja y mucho para la crítica. Un deseo irrefrenable que choca con la prudencia.  Un poso amargo y una invitación a la lucha hasta el último aliento. Bukowski, el imán de los incomprendidos, la falta de talento convertida en puro magnetismo con un breve poema o un relato. Escenas de bares, de antros, lejos de las residencias de verano  de Cheever, pero con el alcohol y el fracaso como común hilo conductor. Un autor que solo narra por la necesidad de contar.

jueves, 24 de mayo de 2018

Philip Roth vive



Philip Roth murió ayer. Con su muerte se va una figura de relieve de la narrativa contemporánea, un disector de la clase media norteamericana que convirtió Newark no solo en escenario de personajes poliédricos, complejos y atormentados a los que el destino machacaba con su aleatorio golpeo, sino un lugar familiar para la emocionalidad de sus lectores. Un excelente escritor que estoy seguro resistirá el paso de las décadas por la atemporalidad de sus historias y una forma compleja pero envolvente. La noticia de la muerte se cuela en la insípida actualidad de voces en cuello y banalidad, pero quizá su desaparición deba apreciarse como un segundo de silencio necesario entre tanto ruido. Un silencio que solo expresa que el ser humano ha dejado de existir, pero que persiste la literatura con una armonía irrefrenable.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Molloy, Samuel Beckett



         No comencé a leer Molloy de modo casual. Beckett  influyó, pero también algún comentario de otros autores sobre la obra. Luego, por mi cuenta, buceé por Internet, pero la búsqueda no resulto intensa porque acabé en  Wikipedia. La breve reseña resume la obra a la perfección.  Dice que se divide en dos partes. Una sobre Molloy y otra sobre Moran, los dos personajes. La primera consta de dos párrafos, el primero abarca unas líneas, el segundo ochenta páginas. Sí, ochenta páginas sin parar sacadas de la mente de Molloy. No hace falta saber mucho más para intuir que lo que se avecina es algo peligroso. Porque tanto esta parte como la correspondiente a Moran son pura corriente de la conciencia, relato hilvanado desde la propia mente de los personajes que conducen al lector a lugares inexplorados de artificio, enajenación y puro humor. No hay estructura, trama, hilo conductor. Ni siquiera hay un plano que pueda llamarse real, un asidero a un mundo cotidiano en el que la suma dos y dos sean cuatro.