La última
copa es un ensayo sobre el alcohol, pero centrado en la sobriedad. No es
una obra sobre el camino hasta la última copa sino sobre la difícil tarea de mantener
la abstinencia. Interesante para aquel que acabe de abandonar la bebida o que
piense que está rebasando cierto límite. Quizá no tanto para bebedores
convencidos o para aquellos con dudas. Tampoco para los que ansíen encontrar
una sucesión de anécdotas alcohólicas bukowskianas con rumbo a la destrucción,
posterior epifanía y salvación. Un ensayo muy crítico
con el universo del alcohol y su complacencia circundante. Un alegato que fácilmente puede ser tildado de puritano, según reconoce el
autor en varios tramos del texto, pero que en todo caso encaja con su
experiencia vital.
viernes, 10 de abril de 2020
lunes, 2 de marzo de 2020
Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, Michael Chabon
El escenario siempre eterno y
perdurable de la Segunda Guerra Mundial como trasfondo de una historia de
Houdini y héroes de cómic. La fascinación literaria por la barbarie nazi aunque
la estadística de telediario diga que los jóvenes de Europa empiezan a olvidar
el Holocausto. Una historia de exilio y
separación, de Praga a Nueva York, de la persecución europea en Checoslovaquia a
un Manhattan en 1940, reverberante y cosmopolita. Kavalier, el único hijo al que la familia
puede mandar al encuentro de los parientes que habitan fuera de la órbita nazi.
Pero quedará un estigma: el dolor de los que quedan
atrás, su hermano menor, sus padres.
domingo, 15 de diciembre de 2019
La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa
Siempre he creído que la primera
novela de un autor tiene una pátina especial. El tortuoso camino plagado de
rechazos y dudas convierte muchas veces la publicación en un milagro y deja la
eterna pregunta sobre todas aquellas obras olvidadas en un cajón que pudieron
tener un destino distinto, quizá brillante. Un universo de obras desaparecidas,
de talentos literarios no consumados, de azar delirante. De este periplo no
escapó La ciudad y los perros, novela
premiada y de éxito casi inmediato, que se considera un hito dentro del
fenómeno literario conocido como boom latinoamericano, pero que fue rechazada y
vio la luz gracias a la insistencia creadora del autor y a la figura de Carlos
Barral, que propició su publicación en la España de la censura en 1963. Con un
azar cruel o con un ánimo tendente al abandono la obra se habría olvidado y
Vargas Llosa puede que fuera un ser anónimo con una vida dedicada a una
profesión anodina al cuidado de su familia. Habría sido una lástima porque se
trata de una obra meritoria para la edad con la que contaba el autor, con algo
más de veinte años, y que décadas más tarde goza de vigencia, algo nada
sencillo.
lunes, 8 de julio de 2019
Conejo en paz, John Updike
Hace tiempo
pensé en hacer una alineación de un equipo de fútbol de personajes literarios, una
ocurrencia en tiempos de sobrecalentamiento mental. Un equipo abigarrado en el
que podía caber el Sueco Levov, Frank Bascombe, el inefable Bardamu de Céline,
Jakob Von Gunten o Ferdyrdurke. Un once limitado por cuestión de número, pero
en el que no dudaba de la presencia del icónico, aunque probablemente olvidado
en la actualidad, Harry “Conejo” Armstrong, el personaje de Updike. Cada equipo
de fútbol literario depende de las razones de cada lector, pero en el mío reservaría
un lugar para el personaje que salió a comprar tabaco y no regresó a casa son
su mujer e hijos. Conejo en paz, es
el cuarto libro de esta saga y contiene numerosos hilos que conducen a las
anteriores obras, con lo que es muy conveniente empezar por Corre, Conejo.
martes, 5 de febrero de 2019
Peleando a la contra, Charles Bukowski
Los relatos
del eterno perdedor habitante de pensiones que aparta los mosquitos del vino de
un manotazo y discute a voz en cuello con su compañera borracha. Un mundo parco
en el que la escritura no es un medio de vida, sino una vida en sí misma para
la que no se necesita aire, luz, tiempo y espacio. Historias de peleas, apuestas
en el hipódromo, resacas, follar y escribir. Escribir como si un gato te
recorriera la espalda, las uñas clavadas en la piel mientras los dedos pulsan enloquecidos.
Realismo sucio, pero más allá de etiquetas, textos cargados de acidez,
decadencia, humor y una libertad de hacer lo que uno quiere, sin mucho tiempo para
la disculpa, poco para la queja y mucho para la crítica. Un deseo irrefrenable
que choca con la prudencia. Un poso amargo y una invitación a la lucha
hasta el último aliento. Bukowski, el imán de los incomprendidos, la falta de
talento convertida en puro magnetismo con un breve poema o un relato. Escenas de bares, de antros, lejos de
las residencias de verano de Cheever, pero con el alcohol y el
fracaso como común hilo conductor. Un autor que solo narra por la necesidad de contar.
jueves, 24 de mayo de 2018
Philip Roth vive
Philip Roth murió ayer. Con su
muerte se va una figura de relieve de la narrativa contemporánea, un disector
de la clase media norteamericana que convirtió Newark no solo en escenario de
personajes poliédricos, complejos y atormentados a los que el destino machacaba
con su aleatorio golpeo, sino un lugar familiar para la emocionalidad de sus
lectores. Un excelente escritor que estoy seguro resistirá el paso de las décadas
por la atemporalidad de sus historias y una forma compleja pero envolvente. La noticia
de la muerte se cuela en la insípida actualidad de voces en cuello y
banalidad, pero quizá su desaparición deba apreciarse como un segundo de
silencio necesario entre tanto ruido. Un silencio que solo expresa que el ser
humano ha dejado de existir, pero que persiste la literatura con una armonía
irrefrenable.
miércoles, 2 de mayo de 2018
Molloy, Samuel Beckett
No comencé a leer Molloy de modo casual. Beckett influyó, pero también algún comentario de
otros autores sobre la obra. Luego, por mi cuenta, buceé por Internet, pero la
búsqueda no resulto intensa porque acabé en
Wikipedia. La breve reseña
resume la obra a la perfección. Dice que
se divide en dos partes. Una sobre Molloy y otra sobre Moran, los dos
personajes. La primera consta de dos párrafos, el primero abarca unas líneas,
el segundo ochenta páginas. Sí, ochenta páginas sin parar sacadas de la mente
de Molloy. No hace falta saber mucho más para intuir que lo que se avecina es
algo peligroso. Porque tanto esta parte como la correspondiente a Moran son
pura corriente de la conciencia, relato hilvanado desde la propia mente de los
personajes que conducen al lector a lugares inexplorados de artificio,
enajenación y puro humor. No hay estructura, trama, hilo conductor. Ni siquiera
hay un plano que pueda llamarse real, un asidero a un mundo cotidiano en el que
la suma dos y dos sean cuatro.
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