Lo
mejor de esta obra de César Aira es que a partir de una ocurrencia consigue
desarrollar una historia con ingenio y humor, dos cosas que no abundan en
literatura y tampoco en muchos otros aspectos de la vida. Que nadie espere una
obra trascendente que desate las pasiones humanas sino un artefacto literario
poco convencional, breve y ciclotímico. Una obra que solo puede atraer a los
que entienden la literatura como una herramienta apropiada para manipular la
realidad, con sus estiramientos y deformaciones, sin importar que al final todo sea
una broma, quizá una broma infinita como aquella voluminosa obra de Foster
Wallace.
