Resulta curioso que el primer
autor que repito en este blog sea Chuck Palahniuk, del que no hace mucho reseñé
su novela Pigmeo. Curioso porque
después de la decepción que supuso Pigmeo,
llama la atención que me embarcara poco después en la lectura de Monstruos invisibles, a sabiendas de que
esta novela tampoco prometía. En efecto, Monstruos
invisibles es otra novela ramplona de Palahniuk con escasos destellos, el
mismo cenagal de siempre y un final enrevesado y cáustico que llama más la
atención por el retorcimiento que por su sentido. Sin embargo, he de confesar
que aunque literariamente la obra sea deficiente, este tipo de novela de
Palahniuk se lee fácil, es digerible y, a pesar de que su trascendencia es mínima,
viene bien para determinadas ocasiones. En mi caso, un viaje al extranjero, con
transportes incómodos y escasos periodos para concentrarme me llevaron a pensar
que otra obra del autor estadounidense sería suficiente para pasar el rato. No me equivoqué.
