Una mañana de
sábado desperté algo aturdido porque no era capaz de articular palabra. Solo
emitía sonidos onomatopéyicos que la persona que compartía conmigo ese temprano
momento identificaba con afirmaciones, negaciones o exclamaciones. Inmediatamente
asocié esta anomalía con un ataque de ficción causado probablemente por una
transfiguración literaria de mi personalidad. Como soy una persona de entidad
débil que niega constantemente el mundo supongo que deseaba transformarme en un
personaje literario. Quizá mi esperanza era la de convertirme en un ser
distinto para reinventarme en un individuo que afrontara la vida real, aquella
que se antoja tan complicada, de un modo novedoso. Quizá deseaba romper el
aburrimiento o directamente mis nervios se habían desmenuzado. El ataque apenas
duró un par de horas y, salvo esa persona que soportaba mi despertar, nadie se
percató de la imposibilidad de pronunciar palabras en aquella soleada y tibia
mañana de sábado. Lo más llamativo fue que a la gente que coincidió conmigo en ese
ataque de ficción no le supuso ningún problema que solo pudiera decir cosas como
mmm a sus afirmaciones o preguntas. Si cuento esto es porque la literatura
tiene ramificaciones que llegan más allá de lo imaginable. Si se parte de esa
contradicción que dice que la literatura representa la propia vida pero que es ajena
a ella, todo puede ocurrir. Tanto en el relato como fuera de él. Creo que al
protagonista de El mal de Montano le
sucede algo similar con las ramificaciones de la literatura. Padece
inicialmente esa enfermedad por la cual todo lo relaciona con la literario y
posteriormente se erige como un acérrimo defensor de la literatura frente a
todos aquellos que quieren destruirla, entre los que probablemente me encuentre
yo con estas reseñas que realmente solo buscan hacer de recordatorio de mis
lecturas y que no sé si alguna vez habrán conseguido su propósito.
lunes, 10 de julio de 2017
domingo, 28 de mayo de 2017
Doctor Pasavento, Enrique Vila Matas
Pasavento decide desaparecer tras un incidente
casual en la estación de Santa Justa de Sevilla. Debía acudir a una conferencia
en el Monasterio de la Cartuja, pero escapa para dirigirse repentinamente a Nápoles.
La desaparición no será solamente física sino que paulatinamente se producirá
la transmutación del escritor original hacia una nueva personalidad con un
pasado y unas motivaciones distintas. De la necesidad por esfumarse surgirá
la figura del doctor Pasavento. Pero si en muchas ocasiones esa
personalidad que asoma acaba superponiéndose a la original —ahora recuerdo al
Faneca de Marsé comentado en este blog o al eterno personaje de míster Hyde—en este
caso es la antigua la que siempre aparece en el momento más inoportuno. Porque en
esta desaparición, que se puede denominar literaria, el escritor no termina de
evaporarse, como si el doctor Pasavento consistiera en una nueva y sofisticada
creación literaria, aquella que directamente se escribe en la propia realidad.
sábado, 20 de mayo de 2017
Vertigo, W.G. Sebald
Vértigo (1990) resulta una obra difícil de
clasificar y escasamente convencional, que nunca podrá abarcar un gran público,
pero que definitivamente suscitará la curiosidad de los que quieren conocer
autores como el propio Sebald. Una obra heterogénea y completa que va del
ensayo al libro de viajes, de la descripción más detallada, casi decimonónica,
a la digresión, del salto temporal al difuminado de la realidad. El narrador
puede ser el propio Stendhal, cuya voz permite un valioso relato sobre la memoria
en medio de la trifulca napoleónica, o un escritor que viaja por ciudades como Viena,
Verona, Venecia o Milán en un presente contemporáneo. Un narrador que recuerda
al propio Sebald y que ofrece un itinerario que combina la reflexión sobre
literatura y el arte con el regreso a los momentos de infancia que iluminaron
lugares tan contradictorios como el deseo o la muerte. Un cuaderno de
anotaciones de un personaje peculiar y poco tratable como es ese escritor que
se empeña en encerrarse en habitaciones y transitar algunos incómodos recodos del recuerdo.
sábado, 6 de mayo de 2017
Cuando llega la luz, Clara Sánchez
Cuando llega la luz es una novela de
trama sin más intención que captar la atención del lector mediante una intriga a
la que se añade la tensión por el curso de los acontecimientos. Sin embargo, el
suspense no compensa un relato plano y una trama resuelta de un modo tan
inopinado que sorprende viniendo una escritora experimentada. Aunque esta obra
es la continuación de Lo que esconde tu
nombre, novela premiada con el Nadal en 2010, puede leerse de modo
independiente sin necesidad de acudir al volumen anterior.
lunes, 17 de abril de 2017
El amante bilingüe, Juan Marsé
La historia que narra El amante bilingüe puede resultar algo forzada, pero hay que
reconocer que partiendo de un argumento ocurrente el autor consigue un relato
que funciona. El protagonista, Juan Marés, encuentra a su mujer con otro en la
cama y para más inri, tras el hiriente descubrimiento, lo abandona sin dar opción
a nada. Este hecho marca irremediablemente a un Marés que no puede recuperarse
y que con los años se convierte en un músico callejero que mendiga unas
monedas. Además tiene el rostro desfigurado por culpa de un cóctel Molotov que en
una manifestación fue a parar demasiado cerca. Un hombre perdido e
irreconocible, todavía enamorado, que amparado en la invisibilidad del
vagabundo observa en la distancia a la que fue su mujer años atrás. Esta es una
burguesa catalana que en el presente trabaja en una oficina de integración de
la lengua catalana y cuyo recuerdo de su marido es bufonesco y lejano. Pero Marés
conoce la atracción que ella siente por un tipo concreto de hombre: charnegos
embrutecidos como el que encontró en la cama con ella. De manera inconsciente
surge un plan para recuperarla que consiste en convertirse en Juan Faneca, un
murciano que aglutina todos aquellos rasgos que está convencido atraerán a su
mujer. Poco a poco su personalidad se desdobla y Juan Faneca avanza con su
parche en el ojo, su lentilla verde y su peluquín. Un personaje disfrazado casi
circense que, sin embargo, puede permitirle lograr lo que anhela.
sábado, 25 de marzo de 2017
Viaje al fin de la noche, Céline
Céline es un
escritor controvertido porque durante la Segunda Guerra Mundial se destapó como
un férreo antisemita y su postura frente a la ocupación alemana fue, por
decirlo de una manera aterciopelada, bastante laxa. Figura polémica incluso en
el presente, cuando los homenajes programados para el año 2011 fueron
cancelados por la oposición de aquellos que solo recuerdan al autor por ese deleznable pasado. Sin embargo, a pesar de sus decisiones equivocadas
—acabo encarcelado por colaboracionista—, se le considera uno de los grandes
autores franceses del siglo XX y Viaje al fin de la noche un hito en las letras francesas porque
supuso una ruptura con respecto a todo lo que se venía escribiendo. Por
tanto, obviar la figura de este escritor es imposible y borrarla de la faz de
la tierra porque se comportara como un estúpido sería algo absurdo y peligroso.
Tan peligroso como sería borrar los poemas de Ezra Pound porque en un momento
de su vida le dio por adorar a Mussolini.
domingo, 12 de marzo de 2017
Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi
Sostiene Pereira es una gran novela
que por su brevedad parece que se desliza entre los dedos y por su calidad se
hace tan exigua como todo aquello que queremos retener durante mucho tiempo.
Una obra sencilla en la que no parece sobrar una palabra. Tabucchi la escribió
en dos meses febriles que desde luego resultaron tan productivos como
envidiables para cualquiera que quiera ejercer el oficio de escritor. Nos legó un
personaje tan mítico como Pereira, a pesar de que solo hayan pasado veinte años
desde que publicara la obra, y también un marco incomparable: Portugal y, ante
todo, la ciudad de Lisboa.
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