lunes, 25 de septiembre de 2017

El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl






Antes de entrar en la horrenda dinámica del exterminio nazi del que se salvó probablemente porque cayo del lado favorable de una exigua, estadística, Viktor Frankl era un reputado psiquiatra vienés que desarrollaba su propia psicoterapia. Su reclusión en diversos campos, incluido el infame Auschwitz, interrumpió abruptamente su vida y por supuesto su carrera, pero la supervivencia le permitió legarnos esta obra que mediante el ensayo ahonda en la vertiente psicológica de semejante experiencia. La dimensión de El hombre en busca de sentido ha traspasado todo lo que pudo imaginar el autor cuando la concluyó en 1945 y sigue siendo un volumen de referencia del Holocausto.

martes, 22 de agosto de 2017

La neblina del ayer, Leonardo Padura




El periodo estival, con sus olas de calor sin descanso y el inevitable embotamiento mental, invita a cierto relajo en las lecturas que las orienta hacia vertientes más livianas. Como mi intención del momento consistía en leer una historia ambientada en La Habana indagué un poco y encontré apetecible una serie de obras de Leonardo Padura próximas a la novela negra con un protagonista que acumulaba muchos rasgos del personaje arquetipo del género.  Escogí La neblina del ayer porque parecía garantizar una Habana en primer plano y tras la lectura puedo decir que la elección fue correcta. El lector queda impregnado del controvertido y único ambiente de la ciudad caribeña en una historia entretenida, con una trama que aprueba y con un trasfondo literario e histórico que resulta atractivo.

lunes, 10 de julio de 2017

El mal de Montano, Enrique Vila Matas





Una mañana de sábado desperté algo aturdido porque no era capaz de articular palabra. Solo emitía sonidos onomatopéyicos que la persona que compartía conmigo ese temprano momento identificaba con afirmaciones, negaciones o exclamaciones. Inmediatamente asocié esta anomalía con un ataque de ficción causado probablemente por una transfiguración literaria de mi personalidad. Como soy una persona de entidad débil que niega constantemente el mundo supongo que deseaba transformarme en un personaje literario. Quizá mi esperanza era la de convertirme en un ser distinto para reinventarme en un individuo que afrontara la vida real, aquella que se antoja tan complicada, de un modo novedoso. Quizá deseaba romper el aburrimiento o directamente mis nervios se habían desmenuzado. El ataque apenas duró un par de horas y, salvo esa persona que soportaba mi despertar, nadie se percató de la imposibilidad de pronunciar palabras en aquella soleada y tibia mañana de sábado. Lo más llamativo fue que a la gente que coincidió conmigo en ese ataque de ficción no le supuso ningún problema que solo pudiera decir cosas como mmm a sus afirmaciones o preguntas. Si cuento esto es porque la literatura tiene ramificaciones que llegan más allá de lo imaginable. Si se parte de esa contradicción que dice que la literatura representa la propia vida pero que es ajena a ella, todo puede ocurrir. Tanto en el relato como fuera de él. Creo que al protagonista de El mal de Montano le sucede algo similar con las ramificaciones de la literatura. Padece inicialmente esa enfermedad por la cual todo lo relaciona con la literario y posteriormente se erige como un acérrimo defensor de la literatura frente a todos aquellos que quieren destruirla, entre los que probablemente me encuentre yo con estas reseñas que realmente solo buscan hacer de recordatorio de mis lecturas y que no sé si alguna vez habrán conseguido su propósito.

domingo, 28 de mayo de 2017

Doctor Pasavento, Enrique Vila Matas




Pasavento decide desaparecer tras un incidente casual en la estación de Santa Justa de Sevilla. Debía acudir a una conferencia en el Monasterio de la Cartuja, pero escapa para dirigirse repentinamente a Nápoles. La desaparición no será solamente física sino que paulatinamente se producirá la transmutación del escritor original hacia una nueva personalidad con un pasado y unas motivaciones distintas. De la necesidad por esfumarse surgirá la figura del doctor Pasavento. Pero si en muchas ocasiones esa personalidad que asoma acaba superponiéndose a la original —ahora recuerdo al Faneca de Marsé comentado en este blog o al eterno personaje de míster Hyde—en este caso es la antigua la que siempre aparece en el momento más inoportuno. Porque en esta desaparición, que se puede denominar literaria, el escritor no termina de evaporarse, como si el doctor Pasavento consistiera en una nueva y sofisticada creación literaria, aquella que directamente se escribe en la propia realidad.

sábado, 20 de mayo de 2017

Vertigo, W.G. Sebald






Vértigo (1990) resulta una obra difícil de clasificar y escasamente convencional, que nunca podrá abarcar un gran público, pero que definitivamente suscitará la curiosidad de los que quieren conocer autores como el propio Sebald. Una obra heterogénea y completa que va del ensayo al libro de viajes, de la descripción más detallada, casi decimonónica, a la digresión, del salto temporal al difuminado de la realidad. El narrador puede ser el propio Stendhal, cuya voz permite un valioso relato sobre la memoria en medio de la trifulca napoleónica, o un escritor que viaja por ciudades como Viena, Verona, Venecia o Milán en un presente contemporáneo. Un narrador que recuerda al propio Sebald y que ofrece un itinerario que combina la reflexión sobre literatura y el arte con el regreso a los momentos de infancia que iluminaron lugares tan contradictorios como el deseo o la muerte. Un cuaderno de anotaciones de un personaje peculiar y poco tratable como es ese escritor que se empeña en encerrarse en habitaciones y transitar algunos  incómodos recodos del recuerdo.

sábado, 6 de mayo de 2017

Cuando llega la luz, Clara Sánchez




Cuando llega la luz es una novela de trama sin más intención que captar la atención del lector mediante una intriga a la que se añade la tensión por el curso de los acontecimientos. Sin embargo, el suspense no compensa un relato plano y una trama resuelta de un modo tan inopinado que sorprende viniendo una escritora experimentada. Aunque esta obra es la continuación de Lo que esconde tu nombre, novela premiada con el Nadal en 2010, puede leerse de modo independiente sin necesidad de acudir al volumen anterior.

lunes, 17 de abril de 2017

El amante bilingüe, Juan Marsé


 
La historia que narra El amante bilingüe puede resultar algo forzada, pero hay que reconocer que partiendo de un argumento ocurrente el autor consigue un relato que funciona. El protagonista, Juan Marés, encuentra a su mujer con otro en la cama y para más inri, tras el hiriente descubrimiento, lo abandona sin dar opción a nada. Este hecho marca irremediablemente a un Marés que no puede recuperarse y que con los años se convierte en un músico callejero que mendiga unas monedas. Además tiene el rostro desfigurado por culpa de un cóctel Molotov que en una manifestación fue a parar demasiado cerca. Un hombre perdido e irreconocible, todavía enamorado, que amparado en la invisibilidad del vagabundo observa en la distancia a la que fue su mujer años atrás. Esta es una burguesa catalana que en el presente trabaja en una oficina de integración de la lengua catalana y cuyo recuerdo de su marido es bufonesco y lejano. Pero Marés conoce la atracción que ella siente por un tipo concreto de hombre: charnegos embrutecidos como el que encontró en la cama con ella. De manera inconsciente surge un plan para recuperarla que consiste en convertirse en Juan Faneca, un murciano que aglutina todos aquellos rasgos que está convencido atraerán a su mujer. Poco a poco su personalidad se desdobla y Juan Faneca avanza con su parche en el ojo, su lentilla verde y su peluquín. Un personaje disfrazado casi circense que, sin embargo, puede permitirle lograr lo que anhela.